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De ruta por la campiña inglesa

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La campiña inglesa, a todos nos suena este nombre, pero ni lo ubicamos, ni sabemos cómo es, ni qué hay, aparte de verde y casas monas, ¿no?

Es lo que tiene Instagram, que saltando de una foto a otra, de repente llegas a una que te llama la atención por lo “cuqui” que es el sitio donde la chica se está haciendo la foto. Y empiezas a investigar y a tirar del hilo, y así es como llegué a “conocer” el pueblecito de cuento de Castle Combe.

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Así empezamos a tener algo más localizada la famosa campiña inglesa a la que mi madre siempre había querido ir, o como realmente se llama esta zona: The Cotswolds. Seguramente nos siga sin sonar, pero, ¿a que las ciudades de Bristol, Bath y Oxford ya nos son algo más familiares? Pues esta pequeña zona de casitas y flores se encuentra entre estas 3 ciudades algo más conocidas.

Volamos a Bristol directas desde Madrid un jueves por la noche, hicimos noche a las afueras de Bristol y el viernes comenzamos a recorrer esta maravilla de paraje.

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Dividimos la ruta por los Cotswolds en dos días y medio para ver los 14 pueblecitos que más nos gustaron mientras organizábamos el viaje: el viernes vimos Castle Combe, Lacock, Tetbury, Painswick, Winchcombe, el sábado recorrimos Snowshill, Broadway, Chipping Campden, Stow on the Wold, Upper Slaughter, Lower Slaughter y para el domingo dejamos Bourton on the Water, Burford y Bibury.

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Algunos me habéis preguntado si no son demasiados pueblos para tan pocos días. Tened en cuenta que son pueblos muy pequeñitos, algunos de apenas dos calles, así que en un hora como muchísimo ya habéis visto el pueblo, con sus paradas técnicas para hacer las miles de fotos que querréis hacer, porque os lo aseguro, en este viaje tooooodo es fotografiable: cada esquina, cada verja, cada fachada, cada jardín…

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Antes del viaje, tiré de Tripadvisor para ver qué paradas gastronómicas podríamos hacer. Como muchos sabréis, por desgracia, Inglaterra no es que sea un destino para deleitar a nuestro paladar, pero he de deciros que algunas paradas estuvieron realmente bien (bendito Tripadvisor eso sí). Una de ellas fue desayunar en unos viejos establos en Castle Combe (The Old Stables). Lo tenían remodelado, era una monada de sitio y nos pedimos un trocito de tarta/bizcocho de limón que fue de las más ricas que he probado nunca. Otra parada la hicimos para comer en un pub típico inglés, monísimo decorado, cada mesa de una madera diferente, y cada silla de su padre y de su madre, con velas, unos cojines ideas… y si ya encima la comida es buena… un 10. Se llamaba The old Fleence, y nos pillaba de camino en la ruta entre dos de los pueblecitos.

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Uno de los momentos mágicos del viaje nos lo regalaron estando en el bed and breakfast (Sunny Nest) donde nos alojamos (menudo desayuno inglés rico, por cierto). Estábamos mi madre y yo descansando en nuestra habitación que daba a un pequeño jardincito y un prado, y de repente vimos cómo dos caballos se acercaron a la valla de nuestra casa y se ponían a corretear. No dábamos crédito del momentazo que estábamos disfrutando: leyendo desde la cama y viendo como dos caballos jugueteaban a nuestro lado. Así sí, disfrutando con las pequeñas cosas.

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De eso van nuestros viajes, de disfrutar con todo lo que vamos viendo y descubriendo. Por ejemplo, las carreteras en este viaje nos han dejado con la boca abierta: todo verde alrededor, cunetas de ensueño, florecillas por todas partes, los árboles creaban túneles por donde pasábamos, una auténtica maravilla, así daba gusto conducir, aunque fuera por la izquierda y por carreteras tan estrechas.

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Además, estos viajes también nos sirven para inspirarnos para Mimosas. En este caso, hemos cogido ideas de arreglos florales que tenían en las iglesias de los pueblos que hemos visitado, y hemos aprendido nombres de flores que nos han chiflado y no conocíamos antes.

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Como podéis ver en las fotos es un lugar de cuento, parece anclado en 1800, y por eso muchas series y películas se han rodado aquí, como Harry Potter, Downton Abbey, Orgullo y prejuicio, etc. Así que id con los ojos bien abiertos por si os suena alguna casa de haberla visto a través de la pantalla.

Los días después del viaje, mi madre y yo nos deleitamos viendo las fotos del viaje, flipando por haber podido disfrutar de un lugar tan bonito, sin gastarnos mucho dinero y teniéndolo bastante a mano. Ahora ya estamos organizando el siguiente, que esperemos nos sorprenda y nos deje tan buen sabor de boca como lo ha hecho la campiña inglesa.

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¿Por dónde empezar con el ramo de novia?

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Cuando veo la mítica foto de los novios saliendo de la Iglesia, recién casados, me encanta ver cómo la novia le aprieta fuerte la mano a él, y con la otra sujeta su ramo de flores, bien radiante y feliz y me doy cuenta del papel tan importante que juegan las flores en una boda.

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Desde luego, no todas tenéis claro cómo queréis vuestro ramo de novia. Antes de llegar al mundo “boda” no conocéis muchas más flores que las que nos enseñan desde pequeños: rosa, margarita, amapola y tulipán. Y no os preocupéis porque esto es lo más normal del mundo.

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Por consejos de muchas amigas os bajáis en el móvil Pinterest o Instagram, y comenzáis a buscar ideas o inspiración, a buscar ramos que peguen con vuestro estilo, y a descartar lo que tenéis claro que no os gusta. Esta práctica, no os voy a engañar, a nosotras nos es de gran ayuda.

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Vosotras ya sabéis cuál es nuestro estilo, y si contactáis con nosotras para decoraros la boda o haceros el ramo de novia es porque habéis visto un “algo” que os ha gustado, y eso ya es un gran paso. Sabéis qué estilo os gusta.

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A partir de aquí y en los meses que quedan para el gran día, vamos tirando del hilo, y vamos haciendo un intercambio de ideas. Nos mandáis vuestra carpeta de inspiración, nos comentáis qué flor o flores habéis visto que os gustan, los tonos en los que os apetecería que fuera el ramo y poco a poco vamos acotando.

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Es importante tener en cuenta que las flores son estacionales, es decir, tienen su momento en el año y no todas están disponibles todos los meses. Pero para eso estaremos nosotras, os iremos aconsejando y enseñando también diferentes opciones. Os iremos dando ideas para ramos más primaverales o más otoñales.

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Y con todo ese popurrí de ideas, consejos y fotos guardadas en el móvil os haremos el ramo que mejor vaya con vosotras y para que lo luzcáis tan espectacular como vosotras en vuestro día.

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De la mano de Darphin…

Hace algo más de dos meses, las chicas de Darphin se pusieron en contacto con nosotras para llevar a cabo un proyecto conjunto, y estamos tan encantadas con el resultado que queríamos contároslo por aquí.

Aprovechando la llegada de la primavera, Darphin ha querido sorprender con dos nuevos productos: la mascarilla Vetiver Stress relief Oil Mask y el aceite esencial Vetiver Essential Oil Elixir, y qué mejor que acompañar la promoción de estos productazos con una corona de flores recién salida del taller de Mimosas en febrero.

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En las siguientes líneas os dejamos una preciosa descripción, de las manos de Darphin, de lo que ha sido el proyecto:

“Trabajar con flores es, sin duda, lo más satisfactorio de nuestro trabajo.

Por su delicadeza y belleza, y por lo mucho que transmiten.”

Éstas bien podrían ser las palabras de Pierre Darphin, creador de la firma parisina Darphin, pero en esta ocasión se trata de declaraciones de las creadoras del precioso taller madrileño Mimosas en Febrero, el partner que hemos elegido muy minuciosamente para celebrar contigo la llegada de la Primavera este 21 de marzo. ¡Feliz Primavera!

Darphin es la firma parisina del grupo Estèe Lauder, cuyas fórmulas se desarrollan con el rigor de los productos farmacéuticos, ingredientes eficaces y preciados y complejos principios activos. Sus productos se crean inspirándose en 3 pilares: el respeto de la naturaleza, la cuidada selección de sus ingredientes activos y la combinación con la tecnología más novedosa. Sus aromas nos transportan a la naturaleza más delicada, y es nuestra labor transmitirte esta pasión.

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Una corona de flores hecha a mano pétalo a pétalo y flor a flor, para decorar tu espacio de trabajo, o tu casa, para que cada día puedas inspirarte de las flores para sacar lo mejor de ti. Y dos productos que prometen ser tus mejores aliados de bienestar esta primavera. Una mascarilla que aporta nutrición, luminosidad y además tiene un efecto relax sobre la piel, dejándola con aspecto saludable y descansado, con un 99% de ingredientes naturales: Vetiver Stress relief Oil Mask; y el aceite esencial Vetiver Essential Oil Elixir, un calmante restaurador que combina un corazón de aceites esenciales con flores calmantes en un 99% natural. Este aceite reduce visiblemente el impacto de las consecuencias de la falta de sueño, fortalece la barrera cutánea y nutre la piel de manera instantánea.

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Los aceites esenciales son el producto más emblemático y característico de Darphin: “Para mejorar la microcirculación de la piel y tenerla más sana y luminosa, la ideal es verter 5 gotas en la palma de las manos, frotárselas e inmediatamente acercarlas a la boca y nariz e inhalar profundamente. Después recomendamos deslizar los dedos a lo largo de la nariz hasta la línea del cabello. Para finalizar, deslizaríamos los dedos hacia abajo a lo largo del cuello hasta presionar ligeramente alrededor del escote con las puntas de los dedos”. (Hemely Varela, Directora de Formación de Darphin España.)

Gadea Martínez Asensio, de Mimosas en Febrero transmite con una sonrisa: “A la hora de elaborar nuestros productos, nos gusta que sean lo más personales posibles y que se cuiden al máximo los detalles. Por eso, trabajar de la mano con Darphin ha sido para nosotras todo un privilegio, puesto que su filosofía de utilizar aromas auténticos, texturas suaves e ingredientes naturales de primera calidad va en la línea de nuestro trabajo, así como sacar adelante productos exquisitos, elegantes y de una belleza y sutileza sin igual.”

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Ramos invernales

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Hace un mes tuvimos la suerte de poder acudir como floristas al evento Wedding Club organizado por Zankyou bodas en el parador de la Granja. En medio de un desayuno dimos una charla acerca de lo que nos inspiran a nosotras los ramos de invierno y hemos pensado aprovecharlo para compartirlo con vosotros a través del blog.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

A la hora de confeccionar un ramo el primer paso que tenemos que dar es la elección de las flores. Como todos sabemos, estas tienen estacionalidad, es decir, que no todas están disponibles en todas las temporadas. Y es bueno conocer qué flores están disponibles en cada momento. La naturaleza nos regala 4 estaciones y tenemos que aprovechar cada una de ellas, sacar todo el jugo a cada estación. Es tan bonita la diferencia, nos ofrece diferentes caras, matices, olores y luces distintos. Por eso creemos que un ramo de invierno debe armonizar con el momento en el que se le va a dar vida y no por ser una estación fría y aparentemente yerma va por ello a dejar de ser bello, ni muchísimo menos, sino todo lo contrario.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

El invierno es la estación que invita más al recogimiento, a lo apacible, a lo acogedor… quizás para defendernos del frío. Pensamos que hay dos opciones para el ramo: mimetizarse con el ambiente pero dándole luz o rebelarse contra él aportando calor y una nota de color, eso sí un color dentro de la paleta de las flores de invierno.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Para la primera opción, elegiríamos verdes grisáceos, como el eucalipto y el olivo. Y como flor, rosas de pitiminí, lishiantus, astrantia morada, symphoricarpos en tonos blancos y rosas (comúnmente conocido como bola de nieve), brunia, etc. Y para las novias rompedoras usaría el verde que hemos comentado con algodón. Este ramo es impactante, original, diferente y muy invernal. Y por último, para romper con tanta blancura lo ataríamos con terciopelo negro o verde botella.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Para la segunda opción, pondríamos pinceladas de color más fuerte, como un granate, un berenjena, un rosa un poco subido de tono (hipericum, escaramujo, astilbe…). La idea es darle calidez, algo de policromía, pero sin llegar al colorido primaveral. El propio ambiente invernal nos invita a estar en armonía con el entorno: dándole suavidad sin estridencias. Usando, además, texturas y colores q abriguen a la novia.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Junto con la charla y a fin de hacer más visual lo que estábamos contando, hicimos un ramo en directo con flores que consideramos invernales y  las atamos con un largo lazo de terciopelo gris perlado, que le proporcionaba una calidez digna de los ramos de invierno.

El reportaje fotográfico lo realizaron las chicas de Caleidoscopio, que también nos han sorprendido con este maravilloso video:

Vídeo Wedding Club

Además, os dejamos aquí el enlace para que podáis ver el artículo que han escrito desde Zankyou sobre la jornada que pasamos en Segovia:

Publicación en el magazine de Zankyou

También tuvimos la suerte de tener como compañeros e invitados a:

Paradores, María Salas, Fragancias Platinvm, Cheerz, Eventos Zazu, Gris Berenjena, Olivia y Compañía, Blumenaria, Los Sueños de Julieta, Mangata Eventos, Makadama y Zelebra.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

De ruta por Suiza

Tenemos que reconocer que hay una cosa que nos apasiona además de las flores, y es viajar. Conocer lugares nuevos, lugares con encanto, de esos que te dan un chute de belleza y energía que te dura hasta el siguiente viaje. Y sin duda viajar con mi madre es un extra. Un plus de risas (es un despiste auténtico), de expresividad de la emoción elevada al máximo exponente, y ¿a quién no le gustaría ir recopilando memorias, fotografías y vivencias compartidas con su madre a lo largo de años? Pues así de afortunada soy yo.

El último viaje de #mimosasaroundtheworld fue al país de las montañas, de los lagos, de las cascadas, de los prados, al país de los quesos (y no, no nos gusta a ninguna de las dos así que ni probarlo), del chocolate (este sí, a mi madre le pirra pero es que es taaaan caro…). En fin, os contamos una pincelada de lo que fue nuestro viaje a Suiza.

Suiza es parar con el coche y dejarlo donde bien puedas para poder disfrutar del paisaje que te está envolviendo, porque se merece que lo contemples con ambos ojos y la boca bien abierta. Así nos quedamos nosotras cuando nos dirigíamos a la zona de Interlaken. Tuve que pedirle a mi madre que me dejara conducir a mí porque, cuando ella iba al volante, creo que iba más pendiente de vislumbrar todas las casitas en los prados que de la carretera.

El color de los lagos es diferente al que estamos acostumbrados, tiene un color azul turquesa que es precioso. ¡Tuvimos la suerte de poder bañarnos en uno de ellos! eso sí el agua hipercongelada.

Los ríos bajan con tanta fuerza y tan cargados con agua del deshielo, que sobre la superficie se forma como una neblina que los hace misteriosos y ya si lo ves al atardecer, como nos pasó a nosotras, es mágico. Una tarde aprovechamos que llegamos pronto al hotel para darnos una ducha rápida y volver a coger el coche para ir a uno de los sitios que más ganas tenía de visitar: el Valle de Lauterbrunnen. Es un valle profundo en mitad de los Alpes, donde los pueblos están rodeados de cataratas que caen por las paredes verticales de las montañas, ¡increíble!. Íbamos a contracorriente, cuando el parking ya comenzaba a quedarse vacío porque los turistas ya se marchaban a sus hoteles, nosotras llegábamos. Así que os podéis imaginar cómo nos sentimos al quedarnos nosotras solas ante tanta belleza, el valle entero parecía para nosotras. Fue un buen momento para enseñar a mi madre a tirar una buena foto con la réflex, así que allí estuvimos casi 2 horas danzando por los prados, disfrutando de la naturaleza sin ruidos, compartiéndola únicamente con las vacas que nos acompañaban y con nuestro querido Mini ¡inolvidable!.

En Suiza no puedes guardar la cámara en ningún momento porque cualquier sitio que visites tiene mil escenarios diferentes para fotografiar. Subimos en teleférico al pico First que está a 2168 m, no es de los más altos ni mucho menos pero las vistas desde allí te dejan sin habla. Allí está el First Cliff Walk, una pasarela de 40m que te obliga a andar al borde de un impresionante acantilado con una extraordinaria vista alpina. Y hay ciudades que tampoco se quedan cortas como Lucerna y Thun con sus característicos puentes medievales, a los que no parábamos de investigar para ver qué flores tenían en sus ventanales y cómo las habían enganchado ahí. Sí, las “mimosas” no descansan ni en vacaciones.

Y terminando nuestro viajazo de una semana por las tierras de Heidi, acabamos por casualidad en un pueblecito que nos enamoró: Murten. A mí me recordó a los de Alsacia que había visto el año pasado, con sus casitas medievales, sus murallas, las calles súper cuidadas y como no, con su lago de fondo.

Ha sido un viaje que nos ha dejado con unas agujetas importantes después de tanta caminata pá arriba y pá abajo, pero sin duda alguna han merecido muchísimo la pena por todo lo que nos hemos llevado a cambio.

Además de Suiza las mimosas han estado en Roma, en la Provenza, en Normandía, etc… así que ya os iremos contando nuestras experiencias en esos viajes en futuros posts.

Fdo: Gadea.

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Entre campos de lavanda

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El día que pasamos hace dos meses fue mágico. De camino a nuestro destino nos topamos con un atasco en mitad de la autopista, así que para evitarlo nos desviamos por una carretera nacional. ¡Y qué gran acierto! No había casi gente, la luz del paisaje, el olor… nos miramos sorprendidas ya que no nos imaginábamos que pudieran quedar zonas tan verdes en pleno Julio a 30 minutos de Madrid, acostumbradas a los campos ya amarillos por estas fechas. Seguimos por esta carretera otra media hora tal como decía mi GPS, cruzando ríos, entrando en bosques, y tras pasar un par de colinas… ¡Tachán! Allí estaban… ¡los campos de lavanda de Brihuega! (para los interesados en conocer este mágico sitio, aquí os dejo las coordenadas GPS que seguimos para llegar a los campos de lavanda: 40°47’25.5″N 2°50’55.5″W)

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La Alcarria encierra un tesoro que hay que descubrirlo al atardecer, cuando la luz lo torna mágico. El paisaje trasmite paz. El olor tan fresco, el zumbido de las abejas, el color y la luz se nos han quedado grabados en nuestras retinas… bueno, nuestras fotografías también nos ayudarán a viajar a esos momentos maravillosos.

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Volveremos a vernos campos de lavanda, volveremos a vestirnos de blanco para agasajarnos y fotografiarnos un millón de veces más. Volveremos para caminar entre tus hileras contemplando tus diminutas flores moradas, y sobre todo para bañarnos en esa luz y dejarnos envolver por esa paz, tranquilidad y belleza natural.

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Fdo: Niní y Gadea.

 

 

Después de décadas vuelvo a las flores

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Las flores siempre han ejercido una gran atracción en mí. A pesar de estudiar la especialidad de jardinería, no empecé a acercarme a ellas hasta que Gadea volvió de Londres con el runrun de las flores. Hacer las prácticas en la floristería Sally Hambleton fue lo que la ató definitivamente al mundo floral.

El éxito de una cesta hecha por Gadea para una amiga convaleciente fue el inicio de una primera idea de Mimosas en Febrero.

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Las amigas han sido fundamentales en el nacimiento de este proyecto, desde el logo hasta los primeros pedidos, los ánimos, las felicitaciones y el apoyo para sacar esto adelante. Han sido nuestro pilar para sentirnos cada día más seguras y entusiasmadas por lo que estábamos haciendo.

Pero lo más importante es la satisfacción de trabajar las dos juntas en ese mundo mágico que nos hace disfrutar cada vez que tocamos un tallo, una rama o una flor. Somos felices mientras ideamos, proyectamos y elaboramos. También hay momentos de nervios por ver el resultado final de nuestro esfuerzo, y que le guste a la persona que lo ha encargado.

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Cuando terminé la universidad deseaba convertirme en proyectista de jardines, cosa que nunca pasó, pero no me podía entonces imaginar que en un futuro lejano me esperaba un proyecto maravilloso y que las encargadas de darle forma seríamos mi hija y yo.

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Fdo: Niní.