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Ramos invernales

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Hace un mes tuvimos la suerte de poder acudir como floristas al evento Wedding Club organizado por Zankyou bodas en el parador de la Granja. En medio de un desayuno dimos una charla acerca de lo que nos inspiran a nosotras los ramos de invierno y hemos pensado aprovecharlo para compartirlo con vosotros a través del blog.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

A la hora de confeccionar un ramo el primer paso que tenemos que dar es la elección de las flores. Como todos sabemos, estas tienen estacionalidad, es decir, que no todas están disponibles en todas las temporadas. Y es bueno conocer qué flores están disponibles en cada momento. La naturaleza nos regala 4 estaciones y tenemos que aprovechar cada una de ellas, sacar todo el jugo a cada estación. Es tan bonita la diferencia, nos ofrece diferentes caras, matices, olores y luces distintos. Por eso creemos que un ramo de invierno debe armonizar con el momento en el que se le va a dar vida y no por ser una estación fría y aparentemente yerma va por ello a dejar de ser bello, ni muchísimo menos, sino todo lo contrario.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

El invierno es la estación que invita más al recogimiento, a lo apacible, a lo acogedor… quizás para defendernos del frío. Pensamos que hay dos opciones para el ramo: mimetizarse con el ambiente pero dándole luz o rebelarse contra él aportando calor y una nota de color, eso sí un color dentro de la paleta de las flores de invierno.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Para la primera opción, elegiríamos verdes grisáceos, como el eucalipto y el olivo. Y como flor, rosas de pitiminí, lishiantus, astrantia morada, symphoricarpos en tonos blancos y rosas (comúnmente conocido como bola de nieve), brunia, etc. Y para las novias rompedoras usaría el verde que hemos comentado con algodón. Este ramo es impactante, original, diferente y muy invernal. Y por último, para romper con tanta blancura lo ataríamos con terciopelo negro o verde botella.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Para la segunda opción, pondríamos pinceladas de color más fuerte, como un granate, un berenjena, un rosa un poco subido de tono (hipericum, escaramujo, astilbe…). La idea es darle calidez, algo de policromía, pero sin llegar al colorido primaveral. El propio ambiente invernal nos invita a estar en armonía con el entorno: dándole suavidad sin estridencias. Usando, además, texturas y colores q abriguen a la novia.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

Junto con la charla y a fin de hacer más visual lo que estábamos contando, hicimos un ramo en directo con flores que consideramos invernales y  las atamos con un largo lazo de terciopelo gris perlado, que le proporcionaba una calidez digna de los ramos de invierno.

El reportaje fotográfico lo realizaron las chicas de Caleidoscopio, que también nos han sorprendido con este maravilloso video:

Vídeo Wedding Club

Además, os dejamos aquí el enlace para que podáis ver el artículo que han escrito desde Zankyou sobre la jornada que pasamos en Segovia:

Publicación en el magazine de Zankyou

También tuvimos la suerte de tener como compañeros e invitados a:

Paradores, María Salas, Fragancias Platinvm, Cheerz, Eventos Zazu, Gris Berenjena, Olivia y Compañía, Blumenaria, Los Sueños de Julieta, Mangata Eventos, Makadama y Zelebra.

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Foto: Caleidoscopio Bodas

De ruta por Suiza

Tenemos que reconocer que hay una cosa que nos apasiona además de las flores, y es viajar. Conocer lugares nuevos, lugares con encanto, de esos que te dan un chute de belleza y energía que te dura hasta el siguiente viaje. Y sin duda viajar con mi madre es un extra. Un plus de risas (es un despiste auténtico), de expresividad de la emoción elevada al máximo exponente, y ¿a quién no le gustaría ir recopilando memorias, fotografías y vivencias compartidas con su madre a lo largo de años? Pues así de afortunada soy yo.

El último viaje de #mimosasaroundtheworld fue al país de las montañas, de los lagos, de las cascadas, de los prados, al país de los quesos (y no, no nos gusta a ninguna de las dos así que ni probarlo), del chocolate (este sí, a mi madre le pirra pero es que es taaaan caro…). En fin, os contamos una pincelada de lo que fue nuestro viaje a Suiza.

Suiza es parar con el coche y dejarlo donde bien puedas para poder disfrutar del paisaje que te está envolviendo, porque se merece que lo contemples con ambos ojos y la boca bien abierta. Así nos quedamos nosotras cuando nos dirigíamos a la zona de Interlaken. Tuve que pedirle a mi madre que me dejara conducir a mí porque, cuando ella iba al volante, creo que iba más pendiente de vislumbrar todas las casitas en los prados que de la carretera.

El color de los lagos es diferente al que estamos acostumbrados, tiene un color azul turquesa que es precioso. ¡Tuvimos la suerte de poder bañarnos en uno de ellos! eso sí el agua hipercongelada.

Los ríos bajan con tanta fuerza y tan cargados con agua del deshielo, que sobre la superficie se forma como una neblina que los hace misteriosos y ya si lo ves al atardecer, como nos pasó a nosotras, es mágico. Una tarde aprovechamos que llegamos pronto al hotel para darnos una ducha rápida y volver a coger el coche para ir a uno de los sitios que más ganas tenía de visitar: el Valle de Lauterbrunnen. Es un valle profundo en mitad de los Alpes, donde los pueblos están rodeados de cataratas que caen por las paredes verticales de las montañas, ¡increíble!. Íbamos a contracorriente, cuando el parking ya comenzaba a quedarse vacío porque los turistas ya se marchaban a sus hoteles, nosotras llegábamos. Así que os podéis imaginar cómo nos sentimos al quedarnos nosotras solas ante tanta belleza, el valle entero parecía para nosotras. Fue un buen momento para enseñar a mi madre a tirar una buena foto con la réflex, así que allí estuvimos casi 2 horas danzando por los prados, disfrutando de la naturaleza sin ruidos, compartiéndola únicamente con las vacas que nos acompañaban y con nuestro querido Mini ¡inolvidable!.

En Suiza no puedes guardar la cámara en ningún momento porque cualquier sitio que visites tiene mil escenarios diferentes para fotografiar. Subimos en teleférico al pico First que está a 2168 m, no es de los más altos ni mucho menos pero las vistas desde allí te dejan sin habla. Allí está el First Cliff Walk, una pasarela de 40m que te obliga a andar al borde de un impresionante acantilado con una extraordinaria vista alpina. Y hay ciudades que tampoco se quedan cortas como Lucerna y Thun con sus característicos puentes medievales, a los que no parábamos de investigar para ver qué flores tenían en sus ventanales y cómo las habían enganchado ahí. Sí, las «mimosas» no descansan ni en vacaciones.

Y terminando nuestro viajazo de una semana por las tierras de Heidi, acabamos por casualidad en un pueblecito que nos enamoró: Murten. A mí me recordó a los de Alsacia que había visto el año pasado, con sus casitas medievales, sus murallas, las calles súper cuidadas y como no, con su lago de fondo.

Ha sido un viaje que nos ha dejado con unas agujetas importantes después de tanta caminata pá arriba y pá abajo, pero sin duda alguna han merecido muchísimo la pena por todo lo que nos hemos llevado a cambio.

Además de Suiza las mimosas han estado en Roma, en la Provenza, en Normandía, etc… así que ya os iremos contando nuestras experiencias en esos viajes en futuros posts.

Fdo: Gadea.

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Entre campos de lavanda

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El día que pasamos hace dos meses fue mágico. De camino a nuestro destino nos topamos con un atasco en mitad de la autopista, así que para evitarlo nos desviamos por una carretera nacional. ¡Y qué gran acierto! No había casi gente, la luz del paisaje, el olor… nos miramos sorprendidas ya que no nos imaginábamos que pudieran quedar zonas tan verdes en pleno Julio a 30 minutos de Madrid, acostumbradas a los campos ya amarillos por estas fechas. Seguimos por esta carretera otra media hora tal como decía mi GPS, cruzando ríos, entrando en bosques, y tras pasar un par de colinas… ¡Tachán! Allí estaban… ¡los campos de lavanda de Brihuega! (para los interesados en conocer este mágico sitio, aquí os dejo las coordenadas GPS que seguimos para llegar a los campos de lavanda: 40°47’25.5″N 2°50’55.5″W)

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La Alcarria encierra un tesoro que hay que descubrirlo al atardecer, cuando la luz lo torna mágico. El paisaje trasmite paz. El olor tan fresco, el zumbido de las abejas, el color y la luz se nos han quedado grabados en nuestras retinas… bueno, nuestras fotografías también nos ayudarán a viajar a esos momentos maravillosos.

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Volveremos a vernos campos de lavanda, volveremos a vestirnos de blanco para agasajarnos y fotografiarnos un millón de veces más. Volveremos para caminar entre tus hileras contemplando tus diminutas flores moradas, y sobre todo para bañarnos en esa luz y dejarnos envolver por esa paz, tranquilidad y belleza natural.

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Fdo: Niní y Gadea.

 

 

Después de décadas vuelvo a las flores

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Las flores siempre han ejercido una gran atracción en mí. A pesar de estudiar la especialidad de jardinería, no empecé a acercarme a ellas hasta que Gadea volvió de Londres con el runrun de las flores. Hacer las prácticas en la floristería Sally Hambleton fue lo que la ató definitivamente al mundo floral.

El éxito de una cesta hecha por Gadea para una amiga convaleciente fue el inicio de una primera idea de Mimosas en Febrero.

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Las amigas han sido fundamentales en el nacimiento de este proyecto, desde el logo hasta los primeros pedidos, los ánimos, las felicitaciones y el apoyo para sacar esto adelante. Han sido nuestro pilar para sentirnos cada día más seguras y entusiasmadas por lo que estábamos haciendo.

Pero lo más importante es la satisfacción de trabajar las dos juntas en ese mundo mágico que nos hace disfrutar cada vez que tocamos un tallo, una rama o una flor. Somos felices mientras ideamos, proyectamos y elaboramos. También hay momentos de nervios por ver el resultado final de nuestro esfuerzo, y que le guste a la persona que lo ha encargado.

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Cuando terminé la universidad deseaba convertirme en proyectista de jardines, cosa que nunca pasó, pero no me podía entonces imaginar que en un futuro lejano me esperaba un proyecto maravilloso y que las encargadas de darle forma seríamos mi hija y yo.

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Fdo: Niní.

Los primeros pasos…

La cara de sorpresa que se le queda a la gente cuando les digo mi nombre es bastante parecida a la que ponen cuando me preguntan cómo acabé en el mundo de las flores y les digo que en realidad soy ingeniera.

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La verdad es que cada vez creo más en las frases «la vida da muchas vueltas» y » todo pasa por algo», y es que, desde luego, conmigo se han cumplido las dos.

Sí, estudié ingeniería química, por aquello de que las ciencias era de lo que más me gustaba en el colegio y por tener a una familia de ingenieros que me rodeaba. Así que después de 5 añitos estudiando la carrera pensaba que mi futuro sería estar rodeada de números, diagramas de procesos, y esas cosas friquis, pero el punto de inflexión llegó cuando me fui de Au Pair al acabar la carrera.

Como podéis imaginar en Inglaterra el mundo de las flores se lleva al máximo exponente, siempre tienen los jardines hiper cuidados y con mil tipos de flores diferentes, en las casas nunca falta una decoración con flores frescas, les encanta regalar flores, así que si juntamos lo detallistas que son los ingleses y, bueno no nos engañemos, que el tiempo también les ayuda, pues tienen flores always and everywhere.

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Así que mi primer contacto con las flores fue allí, en Londres, en casa de la familia donde me fui a trabajar. La madre era florista y se dedicada, sobretodo, al mundo de las bodas. Me propuso trabajar con ella mientras los peques estaban en el cole, y yo, que siempre me han encantado las manualidades, me lanzé a la piscina y  le contesté con un SÍ rotundo. Durante esos meses, vi pasar por mis manos un montón de flores que no había visto en mi vida, y lo que me atrajo no fue sólo el hacer los ramos o los arreglos, sino el preparar desde cero toda la decoración para una boda.

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Siempre recordaré la primera vez que tuve que entregar el ramo a una novia. Es un momento muy íntimo, las hermanas de la novia estaban con los rulos puestos, la madre sirviendo unas copas del champagne y a la novia la estaba maquillando, el vestido estaba perfectamente colgado esperando para ser parte protagonista del día que estaba comenzando. Ese momento en el que abren la puerta y ven el ramo es un momento cargado de emoción que es difícil de olvidar, y engancha.

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Igual de especial es montar y decorar con velas y flores las mesas del banquete o el pasillo de la Iglesia, o idear la forma más original de decorar el seating plan o ponerle el ramillete al novio en la solapa de su traje. Y ahí estoy yo, formando parte de momentos tan especiales.

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Unos meses en Londres sirvieron para hacer sonar una campanita en mi interior que no tenía ni idea de que existía. Obviamente no fue volver de Londres y comenzar con Mimosas en Febrero, aún tendrían que pasar unos años para que esa campanita se convirtiera en un ruido dentro de mí que no podía dejar pasar inadvertido. Empecé a trabajar como ingeniera pero a su vez, me seguía documentando sobre flores, hice un curso de floristería y terminé haciendo unas prácticas en Sally Hambleton. Me maravillaba todo lo que hacía y estaba como loca por ser una “becaria” en esa floristería. Sin duda, fue lo mejor que pude haber hecho. Si en Inglaterra aprendí mucho del mundo “boda”, en Sally aprendí mucho del mundo “pedidos y tienda”. Era algo distinto, pero la sensación al entregar una cesta para un bebé recién nacido o una sombrerera para una pedida de novios era igual de gratificante. La cara de felicidad de los clientes al ver las flores también es indescriptible.

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Todas esas lecciones aprendidas y esas experiencias vividas hicieron que me empezara a plantear qué quería hacer realmente con mi vida, y así fue cómo Mimosas en Febrero comenzó a tomar forma.

Obviamente, cómo habéis podido deducir de las fotos de mi IG, no estoy sola en esto, y me acompaña en este súper viaje, nada más y nada menos, que mi madre. Sin duda, ella es la más creativa y tiene el don para ver una habitación decoradísima cuando en realidad está vacía. Sí, es una suerte poder dedicarme a algo que me chifla y encima pasar esas horas con la rana (como la llamamos en casa). Por eso le he pedido que en el próximo post sea ella quien describa cómo  lo está viviendo ella y qué siente al formar parte de esto, de este pequeño proyecto, de Mimosas en Febrero.

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Fdo: Gadea.